Antes que a escribir, aprender a pensar. Miguel de Cervantes.

Escribir sobre la Esencia (el Alma) es una de las cuestiones más complejas y creativas que pueden darse para la personalidad humana. El alma…que es mi propia esencia que trasciende la finitud de la mortalidad, temporalidad de un “ser para la muerte” que diría el filósofo alemán Martin Heidegger. Apreciado lector, aunque sea por breves instantes, te propongo que dejemos volar la fantasía…y sintamos más allá del corazón…para vivir desde el alma, y conseguir que la pluma sea lengua del alma, como sostenía el genio literario universal Miguel de Cervantes.

Recuerdo la canción que cantaba Mari Trini: “El alma yo jamás la venderé…”¿Ponemos los seres humanos precio a nuestra alma? Durante un largo período de mi vida me formulé dicha cuestión como telón de fondo a mi existencia. Por fortuna para mi, hace ya tiempo relegué dicha reflexión (que tiene cierto carácter metafísico) al baúl de los recuerdos de la vida. ¿Qué es el alma? y ¿como se manifiesta?, son cuestiones de naturaleza esencial para todos nosotros, humanos, que formamos parte de una gran familia que posee la capacidad privilegiada de poder interrogarse por cuestiones, cuya naturaleza, parece exceder la capacidad mental que tenemos.

Desde la mente sólo podemos entrever, abrir levemente la puerta a la fantástica aventura que significa establecer un vinculo de contacto con el alma que poseemos, que nos habla continuamente con su “voz del silencio” y que ahogamos con el ruido cotidiano de una falsa ocupación mundana. El alma es la vivencia de la esencia humana. Sé que las palabras pueden resultar un tanto exageradas o desproporcionadas, pero si somos algo fundamental o esencial se lo debemos al alma, a la esencia de nuestra esencia…lo que de verdad somos.

El alma tiene una relación muy intensa con el amor: “Sólo te ama aquel que ama tu alma”, señalaba el insigne filósofo Platón. Desde el amor, considerado energía creadora y fuente universal, podemos comprender la fuerza del alma. Aunque muchos hermanos mortales nieguen su existencia o realidad, existen demasiadas certezas para el eterno buscador de verdades eternas que todos llevamos en nuestro interior, y que en muchas ocasiones, aunque no queramos, sale a la luz y nos sorprende con planteamientos cuya profundidad no llegamos a comprender.

Escribir y hablar, comunicar, puede convertirse en un maravilloso antídoto ante la desesperanza, la desilusión, la falta de energía. Ya el genio del teatro griego, Esquilo, advertía al respecto: “Las palabras son una medicina para el alma que sufre”. Reconfortar, ayudar, trasmitir y dar la paz son aspectos que todos podemos y debemos hacer con
frecuencia, aunque parece que lo hayamos olvidado. Toda ayuda debe ser motivo de agradecimiento, ya que reconforta nuestro estado de ser y de estar. ¿Podemos recurrir a nuestra alma para ser más libres y autónomos en la vida? La respuesta, mi respuesta, es si. Mirar hacia dentro, vivir la interioridad es sentir el profundo latido de la vida que va regenerándose continuamente, trasmitiendo la seguridad de hacer aquello que es necesario que hagamos para nuestro beneficio, no sólo físico, mental o emocional…sino espiritual. El alma está cercana, próxima al Espíritu. Es la intermediaria entre lo superior y eterno (lo espiritual) y el yo o personalidad (mortal, temporal, finito).

No pretendo añadir o fomentar aspectos llenos de solemnidad, que nos alejarían de la realidad vivencial del alma. Todo es mucho más cercano, próximo y evidente. Cuando se complica la comunicación con el alma, cuando se dictan grandilocuentes discursos sobre su naturaleza, estado o realidad, hacemos flaco favor a la vivencia íntima y personal que supone la relación con el alma, directa y ausente de delimitaciones lingüísticas o disquisiciones filosóficas. Desde hace unos pocos años mantengo una posición cercana a la mística; de hecho, puedo considerarme un místico vivencial o experimentar, alejado por tanto de aquellos aspectos que no llevan a establecer un vínculo directo con la fuente de creación…alejado del fenómeno religioso partidista y excluyente. Fuente que cada uno de los seres humanos llevamos en el interior.

Para las personas que vivenciamos la relación con una trascendencia externa al ser humano (llamémosla Espíritu, Dios, Energía Universal, La Totalidad, La Unidad, Fuente de Luz…) podríamos afirmar, recogiendo la cita de Lamartine: “Suprimir a Dios y se habrá hecho la noche en el alma humana”. No obstante, la naturaleza del alma sobrepasa el concepto concreto de su propia creación y sostenimiento, de su realidad. No importa que se dude de su existencia ni de su presencia…¡es!..Al menos para quien escribe estas líneas reflexivas sobre un tema de tan vital importancia.

El alma canta. El alma expresa desde la esperanza; reconoce desde el amor…aunque no seamos conscientes de ello.

El alma nos ayuda en toda fase de crisis, de crecimiento personal; si, nos ayuda estando a nuestro lado, abriendo la ventana para que salga la nefasta negación de la nada por la nada; para que se vacíe nuestra mente,
nuestro ser, permitiendo que la vida florezca con nuevas ilusiones y expectativas. Claro que existen momentos duros y críticos, donde el dolor se transforma en sufrimiento, hiriendo nuestro débil corazón, pareciendo tocarnos con mortal estacada, incluso provocando la muerte vital.

Es cierto que para muchas personas la paz es una quimera, la felicidad una utopia y la enfermedad una constante compañera de viaje. Sí, es cierto…al menos, en parte. La esperanza es fuente vigorosa que expresa el sentimiento de nuestra alma. Desde la esperanza –como sostenía en otro capítulo anterior- construimos un rico y fecundo vergel de maravillosas realidades vivenciales, las nuestras. Cuando la tristeza nos golpea, el alma toca las trompetas de la fantasía, de la compañía, de la unidad de sabernos miembros de una familia que acude al auxilio de uno de sus hijos atrapado en la noche desconsolable de la nada.

Llorar es una característica de la especie humana. Mediante las lágrimas limpiamos de nuestro universo emocional cargas difíciles de soportar. “Las lágrimas son la sangre del alma”, sostenía Agustín de Hipona. Hay almas qué sufren el vacío de una vida carente del sentido práctico que supone la aceptación de la misión de compromiso y entrega personal respecto al mundo y el prójimo. El alma grita en los silencios de la mente, produce y manifiesta estados que parecen difíciles de comprender y aceptar. Toda vida es sagrada y debe ser protegida y defendida. El alma necesita respirar del hálito de vida universal, ser foco que irradie paz, serenidad, seguridad.

Desde el alma de eterno buscador de verdades eternas; desde el alma inmortal, libre de especulaciones psicológicas o emocionales; desde el centro de quietud de nuestro ser verdadero, desde ahí y aquí, puedo expresar un sentimiento que está más alejado del propio sentimiento, una realidad que posibilita vivir realidades diferentes y maravillosas.

RETÉN EN TU MENTE:

Los conceptos físicos son creaciones gratuitas de la mente y no están, por más que lo parezca, determinados únicamente por el mundo externo. Albert Einstein.

PARA TU BIENESTAR

El alma canta.

El alma expresa desde la esperanza; reconoce desde el amor… aunque no seamos conscientes de ello.

REGLA DE ORO:

La verdad, siempre, es la verdad.