Hay dos tipos de escritores geniales: los que piensa y los que hacen pensar. Jean Roux

Vamos a comenzar haciendo una reflexión: ¿sé está triste o se es triste? La cuestión posee más significado de lo aparente. Conjugar el verbo ser implica carácter de esencialidad, de ir al centro u origen de las cosas; por otra parte, si hacemos referencia a la conjugación del verbo estar, nos implicamos en una transitoriedad que, aunque pueda ser larga en el tiempo, siempre tendrá un final. Muchas personas se sienten profundamente tristes sin causa aparente, cayendo en un estado de melancolía, pesadumbre, apatía. Bien decía Jean De La Fontaine cuando sostenía: “Sobre las alas del tiempo la tristeza escapa”¡Escapemos juntos de tan letal compañía!

La tristeza es un estado mental que puede abocarnos a fases más profundas y peligrosas de autoaniquilación y negación de valores esenciales de nuestra personalidad. Por ello, hemos de estar alertas, despiertos ante sensaciones que pueden convertirse, a fuerza de repetitivas, en duros anclajes que puedan incrustarse en nuestro tejido mental y cuya extracción sea difícil de realizar. Recuerdo a mi admirado Federico García Lorca, que nos previene y facilita una receta cuasi mágica contra la tristeza: “Desechad tristezas y melancolías. La vida es amable, tiene pocos días y tan sólo ahora la hemos de gozar”…¡Vivir es el elixir que debemos apurar hasta la última gota para vencer la tristeza, melancolía, pesimismo, apatía…! La vida es un maravilloso regalo que hemos de cultivar día a día; un jardín repleto de bellas, sublimes y aromáticas flores que debemos cuidar constantemente. Nuestro jardín debe estar limpio de malezas y arbustos que impedirían disfrutar de la belleza del conjunto.

La tristeza (probablemente lo habrás experimentado) es una mala hierba que imposibilita gozar de todo aquel fruto que permite nuestro florecimiento emocional. No se trata de “matar” a la tristeza, sino de poder afirmar como magistralmente lo hace Khalil Gibran: “Sólo en sueños oigo voces que dicen, compasivas: mirad, allí yace el hombre al que se le murió la tristeza”.

En muchas ocasiones sufrimos más allá de la carne mortal, en la esencia de nuestro ser, un penetrante estado de impotencia que difícilmente podemos explicar su naturaleza y realidad. Y es cierto que en este estado somos capaces de sacar lo mejor que llevamos en lo más profundo de nuestro interior. Ese gran poeta, Amado Nervo, nos advierte: “La tristeza es un don del cielo, el pesimismo es una enfermedad del espíritu” ¡Cuanta energía desperdiciada solemos utilizar en diferenciar lo aparente de lo real, lo circunstancial de lo necesario, lo inútil de lo útil!

…Y cuando nació mi tristeza…Tristeza de amor; tristeza por esa pérdida que nos causa dolor; tristeza por la soledad impuesta por el mundo, las circunstancias u otros seres humanos; tristeza ante un vacío que nadie puede llenar con palabras, presencias o silencios…

Y cuando nació mi tristeza… …Y cuando nació mi tristeza… Tristeza por esos espacios infinitos de la mente, mi mente viajera e inquieta, que pretende conducirme a espacios repletos de oscuras formas existenciales… …Y cuando nació mi tristeza…Tristeza ante hechos incomprensibles, cuya aceptación escapa a un discernimiento correcto y adecuado.

…Y cuando nació mi tristeza…Tristeza desde un corazón dolido ante la sinrazón de acontecimientos cuya naturaleza se muestra esquiva ante mis sentidos… En muchas ocasiones nos mostramos sumamente irónicos para encubrir nuestro estado interior de profunda y melancólica tristeza: “La ironía es una tristeza que no puede llorar y sonríe”, afirmaba Jacinto Benavente de forma certera.

La tristeza es pariente cercana de la soledad, aunque pueda esconderse y manifestarse en compañía de multitudes. Cuando la tristeza invade mi ser, busco en mi interior…y encuentro la llave que permite abrir el sutil cofre de mi vida, posibilitando mi expansión hacia el exterior; en ese instante recibo el flujo de alimentos necesarios desde el mismo centro de la poderosa energía creativa del universo, que toma forma en mi ser. Para ello, recuerda que al abrirnos a la vida, la vida se abre ante nosotros y nos muestra posibilidades que podemos escoger y vivenciar. Sí, me abro a la vida…y la vida siempre me responde.

Una de las formas que he experimentado para combatir la tristeza descansa en el reconocimiento personal de formar parte de la gran familia humana, compartiendo con mis semejantes una fecunda actividad de mutuo estímulo sensorial, donde cada uno de nosotros estamos integrados dentro de la gran cadena de la vida y donde todos, absolutamente todos, somos necesarios para el conjunto. Comprender que cada persona es única, diferente, especial…Universal en la unidad. Cuando me siento triste, observo a mi alrededor…y compruebo que mi tristeza es un bebe que necesita crecer, estimularse y poder llegar a completarse como adulto. Lo que es lo mismo: no es real, auténtica o importante. Los orientales nos hablan acerca de la ilusión, “maya”.

Cuando tenemos la capacidad de crecer y ejecutamos la opción de trascender los límites finitos de nuestro ser, podemos llegar a contemplar aspectos que creíamos inexistentes, a realizar el salto que va más allá de ciertos límites autoimpuestos que nos impiden volar en libertad, desde la responsabilidad inherente a todo ser humano. Estamos inmersos en la Era Cuántica: ¡da un asalto cuántico!

La tristeza es un personaje que se viste de gris, mostrando una opacidad que impide desvelar la rica y fecunda naturaleza humana.

Vivamos alejados de la tristeza, de la melancolía, de la apatía, del descontento inútil y asfixiante, del vacío de la nada existencial.

Si, bien sé que la tristeza roza tu ser; no obstante, con tu fuerza creativa eres capaz de transformar los espacios repletos de tristeza de las personas que te rodean, convirtiéndolos en infinitos momentos de alegrías; por ello es preciso, oportuno y conveniente, responder a las palabras con la sabiduría de la experiencia. Permite que citando al padre del racionalismo, Rene Descartes, diga: “A menudo es preferible una falsa alegría a una tristeza cuya causa es verdadera”.

Discernir lo falso de lo verdadero, lo real de lo irreal es tarea prioritaria para el ser humano, para ti en este momento, en este instante preciso. Las palabras de consuelo en muchas ocasiones suelen convertirse en luz para el camino, para la existencia. Necesitamos sentir la fuerza de la vida que se manifiesta maravillosamente ante nuestra presencia. Por ello, recuerdo a Gustave Flaubert que con claridad señala: “Cuidado con la tristeza. Es un vicio”.

RETÉN EN TU MENTE:

El corazón tiene sus razones que la razón no puede comprender. B. Pascal.

PARA TU BIENESTAR

La tristeza es pariente cercana de la soledad, aunque pueda esconderse y manifestarse en compañía de multitudes.

La tristeza es un personaje que se viste de gris, mostrando una opacidad que impide desvelar la rica y fecunda naturaleza humana.

REGLAS DE ORO

Vivir es el elixir que debes tomar para vencer la tristeza y apatía.

¡Ábrete a la vida!